¡Eh!

Recuerdos, tengo una pregunta para vosotros
¿Es posible que una persona deje de serlo?
...

Ya veo


15.5.11

Página I

Son las doce de la noche en este pueblo tranquilo. Bueno, en realidad acaba de cambiar lo que marca mi reloj en este justo instante. Son las doce y un minuto… y a partir de ahora el pueblo ya no estará tan tranquilo ¿Qué por qué? Muy fácil. Acabo de cruzar sus puertas. Recuerdo esta ciudad, pero estos recuerdos no pertenecen a mi vida actual, sino a la humana anterior. Cuando huí de aquí llorando como un niño tonto creí que jamás podría volver sin que los remordimientos me devoraran entero. Esa es la ventaja de haber abandonado mi existencia anterior para convertirme en lo que soy ahora, un guardián de almas. La cosa es que, como tal me he visto obligado a volver por unos asuntos, pero también por mi propia voluntad. Hacía años que deseaba volver aquí, pero no se había dado… el momento adecuado. Ese momento ha llegado y si quiero hacerlo lo haré. Al fin al cabo así vivo yo. Si quiero hacer algo lo hago y si no pues no. Solo me cruzo con gente si quiero hacerlo y no existe ningún vínculo que me ate a nada o a nadie. Es una vida perfecta.

Mi primer destino es el cementerio. Allí es donde más tengo que hacer. Casi todas las criaturas que disfrutan perturbando almas se esconden en ese lugar. Recordaba haber pasado por al lado del cementerio cientos de veces, quiero decir,… en mi vida anterior. Esta ciudad nunca fue muy grande, había muy pocos caminos que llevaran del instituto a nuestra casa y viceversa. El de al lado del cementerio era nuestro favorito. No porque nos gustaran los cementerios (siempre fui raro pero me cuesta imaginar que a alguien le gusten los cementerios por muy bonitas que sean las estatuas funerarias o los mausoleos) Ese camino era el mejor, ya lo habíamos comprobado en todos los aspectos. Estaba rodeado de árboles que proyectaban una ligera y agradable sombra a casi todas horas del día. Era tranquilo, silencioso y no solía estar muy transitado y además, los coches no podían pasar por allí. Pero lo mejor era la distancia. No era el camino más corto, pero tampoco el más largo y, aunque parezca raro, eso era muy útil. Daba el tiempo justo de hablar un buen rato sin quedarse sin tema de conversación. También servía como excusa para llegar más tarde y retrasar el tiempo de empezar a hacer los deberes y estudiar. Solíamos ir y volver del instituto siempre por allí. Aunque eso fue antes, cuando yo era humano. Ese tiempo ya se acabó.

Bueno, he de concentrarme… los difuntos necesitan de mis servicios y me apetece ayudarles. Ya tengo mi ametralladora en la mano. Ahora, a la caza. He comenzado a correr cuando encontré algo que me ha hecho parar. “Aquí yace Gianna Di Luca 1940-1997 U Descanse en paz” La tía abuela Gi. Recuerdo aquella mañana de domingo en la que nos levantaron tan temprano y nos dijeron que tía Gi se había ido. Nosotros éramos muy pequeños, no entendimos mucho lo que pasaba. Solo sabíamos que, una mañana, nos habían levantado, engominado el pelo (tanto que parecía de cartón) y casi nos habían ahogado en colonia. También nos habían enfundado en pequeños trajes de chaqueta (que picaban mucho, por cierto). Recuerdo que yo cogía de la mano a Evan. Evander era mi hermano pequeño por aquel entonces. Yo le sujetaba bien fuerte porque su cara de sueño no tenía precio. Parecía a punto de caer rendido en cualquier momento. No nos dolió ya que no sabíamos que conllevaba la muerte y, ojos que no ven, corazón que no siente. No entendimos el dolor de esa clase de cosas hasta mucho después, cuando nuestra abuela falleció… pero ¿A qué viene esto ahora? Tengo que concentrarme en mi vida actual, la anterior ya no importa. No sé qué significa esta sensación tan rara, pero tengo que revisar las tumbas, no sé por qué… lo necesito. ¿Qué diablos me pasa? Bueno, será mejor que me eche a dormir. Mañana seguiré al alba. Así que, bueno, solo me tumbaré en el suelo y esperaré a conciliar el sueño. Hasta mañana entonces.
Ya ha amanecido hace un rato y yo estoy lleno de tierra. Reconozco que tumbarme en el suelo del cementerio a dormir no fue la mejor idea del mundo, pero no importa. Fui a la fuente que hay a la entrada del cementerio a intentar limpiarme un poco la tierra, pero sin un espejo dudo que esté teniendo mucho éxito. Oigo pasos. Sin pensarlo me he tirado al suelo consiguiendo así que, gracias a haberme mojado toda la tierra se me empegoste de una forma aún más

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