¡Eh!

Recuerdos, tengo una pregunta para vosotros
¿Es posible que una persona deje de serlo?
...

Ya veo


15.5.11

Página II

desagradable. Maldición. En nuestro cementerio no había ningún guardián, pero había una señora mayor viuda que merodeaba siempre por allí. Desde que tenía uso de consciencia esa mujer llevaba igual de sorda, vieja, dolorida de los huesos, ciega y cascarrabias, pero a pesar de ello nunca parecía llegarle la hora. Era la clase de señora que nos perseguía para pegarnos con el bastón hasta aterrorizarnos por haber estado jugando a la pelota en su jardín. Como era de esperar, se habían extendido numerosas leyendas urbanas sobre ella. Evan aseguraba que había nacido en la época de los egipcios pues su parecido con las momias era innegable. Yo, en cambio pensaba que había nacido en el jurásico y que era un dinosaurio un poco evolucionado. Lo más curioso es que, a pesar de que todos sabíamos quién era esa señora nunca hablé con nadie que supiera su nombre.

Vale, ahora sé que no se trata de aquella señora. Acabo de oír voces. Son muchachos. Un chico y una chica, posiblemente de camino al instituto. Me he levantado. No les tengo ningún miedo a dos adolescentes aunque no puedo decir lo mismo de esa señora mayor. Tengo curiosidad por saber quién usa ahora nuestro camino. No me había equivocado, son un chico y una chica de unos… diecisiete años. La chica me suena pero ¿a quién le importa? Todas las chicas aquí son iguales. Pero el chico sí que me llama mucho más la atención. Recuerdo su cara, pero es como si un huracán desordenara y mezclara mis pensamientos. La primera vez que lo he visto he pensado que… soy yo; pero aunque este loco soy incapaz de creerme eso. Además yo no tengo los ojos verdes. Reconozco esos ojos verdes y esa cara. Son de mi hermano, pero hay tantas cosas distintas en él. Él no era rubio, ni tenía ese corte de pelo. La última vez que le vi llevaba gafas y no estaba tan pálido. Ha crecido un montón, pero no parece haber engordado ni siquiera un gramo por lo que, con respecto a su altura (que es casi más alto que yo a pesar de ser más joven) está casi esquelético.

-¡Eh! ¡Evan! ¡Hay alguien en el cementerio! ¿Por qué no vamos a ver quién es? – he conseguido oír a la chica. Se están acercando. Ahora que la veo bien, esa chica era amiga de Evan, pero no recuerdo su nombre… Y visto de cerca está claro que el es Evan, pero ha cambiado mucho. El nunca se había parecido a mí, pero ahora no sería difícil adivinar que una vez fuimos hermanos. Reconozco que me asustan un poco las enormes ojeras que enmarcan sus ojos.

-Esto… no me parece buena idea. Seguro que solo es alguien que viene a visitar a sus difuntos, se enfadará si le molestamos. – respondió Evan. Seguía siendo aquel miedica que fue mi hermano, pero ya no es un crío, ahora es un hombre. Aunque a mí no me importa porque ya no somos hermanos.

Pues aquí estamos. Han entrado al cementerio y estamos cara a cara. Evander y yo

-¡Oh! ¡Dios mío! ¡Es Angelo! ¡Angelo ha vuelto, Evan! ¿No es fantástico? – ha preguntado esa cría. Evander no parece muy feliz de verme. En su cara se posa una mueca de asco. Esa mirada prepotente me suena bastante. Era mía. Me había costado horrores desarrollar una expresión tan guay como ésa. Había visto miles de expresiones prepotentes y las había perfeccionado y adaptado a mi estilo. Estaba orgullosísimo de mi creación final así que la adoptaba siempre que podía. Para mi desdicha a Evan le iba mucho mejor que a mí. ¡Evan ha cambiado tanto!... cuando me fui nunca llegarías a pensar que Evander Molinari llegaría a ser alguien guay, sino alguien inteligente, y ambas cosas suelen se casi siempre incompatibles. Siempre estaba estudiando y leyendo y era muy responsable. En cambio yo no estudiaba, porque estudiar no es guay. Yo solo quería ser guay, pero a mi manera. Aquel chico misterioso y solitario al que todos necesitan, como Logan (Lobezno) de los X-men. Eso era todo a lo que yo aspiraba, y así estoy. Ni siquiera acabé el instituto. En cambio, yo siempre pensé que Evan podía llegar a ser incluso presidente de toda Italia si se lo proponía y me es imposible creer que aquel listillo con el que viví mi infancia haya desaparecido de la faz de la tierra.
-¿Fantástico? ¿Por qué? – ha preguntado él alzando una ceja, sin embargo, no despega esa mueca de indiferencia y repulsión de su rostro. En el instante en el que he oído eso ha sido como si algo dentro de mí se rompiera en mil pedazos. Bueno, esto era lo que yo quería… Sí, yo

No hay comentarios:

Publicar un comentario