¡Eh!

Recuerdos, tengo una pregunta para vosotros
¿Es posible que una persona deje de serlo?
...

Ya veo


15.5.11

Página V

-No es mi hermano – corrijo en tono repelente. Mi madre, que parecía una pira humana de rabia ha explotado del todo con mi última frase. Se acerca a mí amenazante. Incluso una mujer pequeña de casi cincuenta años asusta tan enfadada. A pesar de que una vez fue mi madre parece dispuesta a matarme. Me tiene aterrado y arrinconado en una esquina

-Di que yo no soy tu madre. Me dolerá, pero podré soportarlo. Di que Quentin no es tu padre. Me enfadaré, pero se me pasará, Pero nuca jamás te atrevas a decir que Evander no es tu hermano. No te dejaré seguir haciéndole daño. – Vaya, todos me han dejado de querer muy facilmente. Sinceramente, yo esperaba que cuando llegara aquí me los encontrara a todos llorándome y rogándome que volviera y entonces yo les miraría con aire de superioridad y les diría algo como “Lo siento, pero ahora soy un alma libre” Pero no,  todos habían rehecho su vida dejándome atrás. No parecían haber derramado ni tan siquiera una lágrima por mí. Pero yo no puedo decir lo mismo. Aunque jamás lo admitiré delante de ellos llevo más de mil doscientas noches arrepintiéndome de lo que hice en una sola. Tal vez no eliminé las relaciones tan profundamente como a mí me hubiera gustado.

-Mira, yo y tu padre te queremos muchísimo y sufrimos terriblemente; pero nada comparado con lo de tu hermano. Pasó seis meses encerrado en vuestra habitación. No dejaba de gritar y lanzar cosas por las ventanas y, si no le hubiéramos calmado, Dios sabe lo que habría hecho.

-Uh, maldición – se ha oído un murmullo proveniente del recibidor. Ahora se ha oído un portazo. Tanto Italia como yo nos asomamos a la puerta de la cocina. Evan hurgaba en su maleta, malhumorado.

-E-Evan, cariño… Jamás adivinarías con quién estoy hablando.

- Pues yo creo que sí, déjame intentarlo. Es un loco, rubio, de veintiún años. Va disfrazado de superhéroe de segunda y se pasea por el cementerio con un bazoka de colorines.

-Es una ametralladora. – le he corregido. De verdad que me ha complacido hacerlo, ya que Evan siempre había sido el Sr. Perfecto que corregía a todo el mundo y que lo sabía todo. Él levanta la cabeza y me mira como diciendo: “¿Y a quién le importa, idiota?”

-¿Cómo lo…?

-Verá, señora Molinari, lo cierto es que su hijo y yo tuvimos un encuentro esta mañana cuando Evander se dirigía al instituto.

-¿Y por qué no me dijiste nada, Evan?

-No me pareció importante

-¡¿Que no…?! B-Bueno, tu hermano, tú y yo tenemos que hablar.

-Oh, no. No quisiera meterme en vuestra conversación. Parecíais muy contentos hablando de mí cuando yo no estaba para opinar.

-Bueno, pues ahora podrás explicárselo tú. Angelo es tu hermano, tiene que saberlo.
-¿Y a mí qué? ¡Como si es mi bisabuela! ¡Como si es el amante de mi padre! ¡Este hombre me importa…! ¡Me importa menos que nada! Así que no pienso perder ni tiempo ni saliva en una estúpida charla con él – Esas palabras se me han clavado hondo. No creí que Evan fuera capaz de decir eso… estoy destrozado. Al fin y al cabo ese llorica es más duro que yo. Aguantar. Eso es lo que debo hacer. Por lo menos hasta que llegue al cementerio no puedo ni gritar, ni llorar, ni nada. Evan ha empezado a subir las escaleras cargado con una inestable pila de libros en brazos. Da fuertes pisotones y patea los libros que van cayendo de la enorme pila. Yo nunca había visto a Evan hacerle nada malo a un libro hasta ahora. Además él no era muy agresivo. Lo de patear cosas era algo mío. Ahora que lo pienso… Evan tiene ahora la misma edad que yo

No hay comentarios:

Publicar un comentario