estuviera el jardín, más estresada había estado ¿Qué habría pasado para que estuviera así? Nuestro jardín nunca había estado tan colorido. Casi hace daño a la vista.
-¡Oh dios mío!... ¿A-Angelo? ¿Eres tú? – desde la puerta de la casa una mujer me está mirando. Yo no me había percatado de su presencia hasta ahora. Mi madre… bueno, ya no lo es. No había cambiado mucho, solo estaba más vieja. Bastantes más canas y arrugas y unas pequeñas ojeras acumuladas bajo sus ojos. No esperaba encontrarla tan envejecida, pero supongo que el tiempo pasa para todos. Solo la estoy mirando. He sonreído y se me ha escapado un ligero:
-Hola.
Nos estamos mirando cara a cara por primera vez en cuatro años. No nos hemos visto desde que yo huí de casa. Cuando tenía diecisiete años.
-¿Después de tanto tiempo sin vernos solo dices eso? – me preguntó ella decepcionada. Yo sonrío tímidamente, francamente, no sé qué más puedo hacer.
-Hay tanto que decir que no sé por dónde empezar. – no parece muy contenta, pero me ha hecho pasar. Cuelgo mi arma en el perchero de los abrigos. Ahora los dos estamos sentados en la mesa de la cocina. Sobre ésta ha dispuesto unas galletas. Acaba de hacer té. Ambos estamos sentados en silencio. Yo diría que estamos solos en casa.
-Entonces, tu esposo… no está aquí ¿verdad? – he tratado de empezar a hablar evitando el tema de mi huida.
-No, está en el trabajo. Pasa mucho tiempo allí. – el tono de su voz pareció irse apagando con cada. Creo haberle oído murmurar algo al final, pero no lo he entendido. Levanta la mirada y aprieta los labios. Parece estar conteniendo las lágrimas. – Sabes que no es eso de lo que quiero hablar contigo… ¿Por qué te fuiste? ¿No sabes el daño que nos hiciste?
-Eh, sí. Sí, lo sé. Pero… eh… bueno, en realidad sí que hice algo estúpido… y si me dieran la oportunidad de escoger de nuevo… Hmm… Tal vez, no me iría… Pero ahora eso no importa…es difícil entenderlo, pero… loo… lo puedo explicar – estoy buscando las palabras dubitativo, como si, ni siquiera yo mismo, supiera lo que quiero decir. Mi madre, bueno, ya no tengo derecho a llamarla así… Italia Molinari (que así se llama) me ha mirado entre decepcionada y dolorida y me ha indicado que empiece a hablar. Yo me estoy demorando más de lo que había esperado, pero no es algo fácil de explicar.
-Bueno, yo estaba muy enfadado cuando me peleé con Quent…
- Llámalo papá, es tu padre.
- Ya no. Deja que te explique. Todos los vínculos humanos me parecieron inútiles, así que decidí eliminarlos. Ahora vivo libre haciendo lo que quiero cuando quiero. En concreto me dedico a eliminar monstruos y criaturas que perturban la paz de los difuntos, soy un guardián de almas.
-¡Mira, no sé de qué cómic gótico te habrás sacado eso de “guardián de almas” ni de qué banda de rock radical te habrá metido esa ideología antisocial en la cabeza, pero haz el favor de dejar de decir todas esas sandeces! ¡No sabes todo lo que hemos sufrido! – me ha interrumpido gritando.
-Para tu información, el término de “guardián de almas” es de mi cosecha y respecto a mis influencias… - empiezo a explicarle. Ella golpea la mesa iracunda
-¡No me interesan esas tonterías! ¡Sólo quiero saber cómo fuiste capaz de hacernos esto! ¡De hacerle esto a tu hermano!
No hay comentarios:
Publicar un comentario