¡Eh!

Recuerdos, tengo una pregunta para vosotros
¿Es posible que una persona deje de serlo?
...

Ya veo


15.5.11

Página VII

Evan ha entrado en el cementerio, no obstante, Sienna parlotea demasiado distraída para oír los pasos. Pobre chica, no se da cuenta de que no le estoy haciendo ni caso.

-A pesar de lo que te dije has venido – Sienna se giró algo sorprendida. Baja la mirada y comienza a juguetear nerviosa con unos de sus largos y ondulados mechones     castaños. -“No deberías ir ¿Pero no lo has visto? Está loco y lo sabes”… “Sienna, mañana tienes un examen final de historia de Italia. Ese tío la única historia que te puede contar es la de cómo el ácido le fundió el cerebro. Te lo digo yo, no es una buena compañía” ¿Qué más necesitabas que te dijera para pararte los pies?

-Hola, querido – digo algo cabreado. Puede que fuera mi hermano, pero se está  pasando. – En casa me contuve porque estaba tu mami delante, que si no, te habría partido la cara.

-Te advierto que ya no soy un crío y que ya no soy un crío y de que el que saldrá herido podrías ser tú.

- ¡Evan! ¡Angelo es tu hermano mayor! ¡No te atrevas a hablarle así! - ¿Sienna está de mi lado? No lo entiendo, pero qué más da. Sé que él saldrá mal parado de aquí, y en cierto modo me da pena. Me empezaba a gustar su aspecto actual, se parece a mí. Sin pensarlo trato de darle un puñetazo. Lo ha evitado, lo cual me pone aún de peor humor. Seguimos peleando. Sienna trata de pararnos, pero no sabe cómo. De un empujón he hecho que Evan se dé un buen cabezazo contra una lápida. Eso le dejará el ojo morado en poco tiempo. Ahora que lo veo, un hilo de sangre gotea de una brecha que acaba de abrirse en la frente, casi en el nacimiento del pelo. Reconozco que Evan no es ningún debilucho, pero de ahí hasta llegar a mi nivel…

-¿Tienes suficiente por hoy, princesita? ¿O quieres más? – no puedo evitar búrlame de él. El problema es que eso me distrae… Evan me acaba de pegar un buen puñetazo en todo el estómago y para colmo tengo una tumba a mi espalda contra la que su puño me oprime. Noto como un líquido cálido moja mis labios y no tardo en probar su sabor metálico. Ese mismo líquido que mana cada vez más rápido de la herida de Evan goteaba ahora bajo la comisura de mi boca. Cuando me ha dejado libre he caído al suelo abrazándome fuertemente el abdomen con ambas manos ¡Oh, diablos! ¡Sí que duele!

- ¡¡¡Evan!!!¡¡¡Cómo has podido hacerle esto a tu hermano!!! – grita Sienna incrédula. Evan aprovecha que estoy en el suelo para patearme unas cuantas veces. Yo solo me retuerzo de dolor ¡Diablos!

-H-Hijo de… - estoy consiguiendo articular con dificultad entre mi agonía

-También es tu madre, idiota – me ha interrumpido él sin despegar esa expresión de asco de su cara. Era tan odiosa. Creé un monstruo cuando la desarrollé. Me arrepiento de cada vez que la adopté, nunca supe que fuera tan desagradable. Evan me ha levantado del suelo sin atender a los gritos de horror que profería su amiga. Para estar hecho un palo tiene fuerza. Me ha enganchado la chaqueta a la espada de una de esas estatuas funerarias y me ha pegado un buen puñetazo en la mandíbula. Poniéndose de puntillas, me ha besado en la mejilla y ahora mismo sale del cementerio. ¡Maldito crío del demonio!

-¡Oh dios mío, Angelo! ¡Deja que te ayude! – grita preocupada Sienna.

-No, será mejor que te vayas.

-¿Qué? Pero, Angelo…

-Vete

-Pero, yo…

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