¡Eh!

Recuerdos, tengo una pregunta para vosotros
¿Es posible que una persona deje de serlo?
...

Ya veo


15.5.11

Página VIII

-¡¡¡He dicho que te vayas!!! ¡¡¡Sé arreglármelas solo!!! – Sienna asustada sale corriendo y se aleja. Ahora que lo pienso debo de tener un aspecto horrible. No preguntéis cómo, pero he conseguido bajar de la estatua e intento limpiarme la sangre en la fuente del cementerio; pero, por segunda vez, no estoy teniendo éxito.

Otra vez en esta casa. Estoy husmeando por el jardín, sin atreverme a tocar a la puerta. Mi m-… Hmm Italia me ha visto de espaldas en la oscuridad y ha salido a recibirme.

-Si esto no significa nada para ti… ¿Por qué has vuelto?                             

-Eh… no es eso, es que, percibo una gran bestia maldita en esta casa. – me excuso yo de forma no muy creíble. Caminamos hasta el porche. Ahí Italia es capaz de verme bien gracias a la tenue luz que viene del interior de la casa.

-¡Madre de Dios! ¡Pero qué te ha pasado!

-Hmm solo estaba dando un paseo por el cementerio y… me caí… - miento aún sabiendo que no colará.

-Rápido, vamos adentro – me ha curado y ahora estamos sentados en el salón. Quentin no está y Evan está encerrado en su cuarto oyendo música. En la canción que suena reconozco ese grupo. El grupo favorito de Evan con un sonido en muchas canciones similar al de Smashing Pumpkins. No estaba mal, pero no era de mis grupos favoritos.

-Dime que no te has peleado con quién creo que te has peleado. – ha susurrado oscureciendo la mirada

-¿Quieres que te mienta? – pregunté débilmente. La frustración devoró su rostro.

-¿P-Por qué tenéis que hacerlo todo tan difícil? Hay algo que tienes que saber, pero no es fácil de explicar… ¿Cómo te sentirías si; ahora, estando peleados, Evan         muriese? - Eso me ha calado demasiado hondo y preocupado empiezo:

-¿¡Qué!? Si yo no le hice esa herida, fue él solo… ¿p-por qué me estás preguntando así? Tampoco e-es que se vaya a morir… - murmuro haciendo el esfuerzo de que mi voz no suene tan débil como si estuviera a punto de llorar, porque estoy a punto de llorar.

-No me refiero a ninguna herida, Angelo – dice algo solo moviendo los labios, sin emitir ningún sonido, pero yo soy capaz de leerlo – Cáncer.
Y también sin ningún sonido siento como comienzo a ahogarme en agonía. Llevaba demasiados años evitando oír esa odiosa palabra. La simple mención de esas dos oscuras sílabas revivía aquellos fantasmas de mi pasado. Desde los catorce años hasta los dieciséis, todas las noches, las pesadillas me atormentaron. Y todas iban de lo mismo. Cáncer. Ése maldito cangrejo del demonio que se llevó a mi abuela de mi lado. A mi querida abuela. Fue una muerte horrible que se convirtió en lo más temido para mí. Fue como si alguien fuese arrancándole los pétalos de su vida uno a uno y ella lo sabía. Desde el principio supo que iba a dejarnos y no se pudo hacer nada para evitar el trágico final. Dos años de terribles pesadillas en las que iban a por mí. Cangrejos-escorpiones que con su aguijón me inyectaban algo horrible que hacía que a todos mis seres queridos los fuera devorando la quimio hasta que cuando solo quedaba yo solo, también empezara a consumirme hasta que esos demonios conseguían acallar mi voz para toda la eternidad. Sigo sin poder oír esa palabra sin sentir miedo. Es como mi debilidad de superhéroe, mi criptonita verde, mi mayor temor. Algo a lo que ni siquiera yo, un fabuloso guardián de armas puede vencer. Me sentía como si en el mundo solo estuviéramos yo y una inmensa oscuridad que trata de tragarme, aunque no fuera mi cuerpo en el que el cáncer habitaba. Y ahora Evan… Imposible. No. Simplemente no puede estar pasando esto. Mi hermano pequeño engullido por mi peor enemigo. Él también lo sabe. Sabe lo horrible que es el

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