-No, sabes, no. Te habría replicado y explicado toda mi ideología, pero ahora pienso que no es más que un montón de basura. Y me arrepiento de aquello, si esto es lo que quieres oír. Me comporté como un crío idiota, pero ahora el pasado no me importa, solo importa por qué me voy a quedar, y lo voy a hacer por mi hermano. Por lo visto, algunos aquí lo ven como algo secundario con respecto al trabajo. – mi madre ha adoptado una expresión nerviosa que adopta cuando sabe que se avecina tormenta. Quentin levanta la mirada, dispuesto a replicarme, pero yo no le dejo hablar y meto aún más el dedo en la llaga. – Mientras tu hijo más te necesita, tú estás trabajando. No estás aquí para él, ni siquiera para tu esposa. – ríe. Pero lo hace con esa risa con la que ríen los súper-villanos cuando ya están a punto de pillarles. Esa risa de loco que usan cuando maldicen al héroe, tras contarle su plan y jurar y perjuran que volverán de entre los muertos o que escaparan de la prisión más segura de todo el universo. Esa risa que da tanto miedo.
- El pequeño se muestra cada vez más arisco conmigo, nada de lo que le decimos parece importarle, claro, él solo escucharía a su hermano. A su hermano mayor. Y este es un imbécil integral. Nos abandonó, le abandonó por una estupidez y le ha dejado solo cuando más le necesitaba, pero aún así si solo querría el consuelo de su hermano. Aunque no lo quiera reconocer. Solo quiere que su hermano le diga que siga vivo. A nadie parece importarle que su padre se pase horas y horas trabajando para conseguir dinero, porque, si hay una forma de salvarle, está claro que será cara, en un caso tan raro como el suyo. Pero el mayor no tiene ni idea y habla sin pensar. Y el pequeño no querrá vivir a no ser que venga el idiota de su hermano a pedírselo. – Respira y se tranquiliza un poco – Mira, sigo enfadado contigo, pero con el tiempo puede cerrarse la herida si veo que realmente te arrepientes, pero antes quiero que hagas algo. Ve a pedirle perdón a tu hermano por haberle abandonado sin dar explicaciones, por haberle dejado solo y deprimido sin que te hubieran importado nada sus sentimientos, aún sabiendo que tu hermano te adoraba. Pídele perdón por haberle dejado solo en sus peores momentos y haberte perdido cuatro años de su vida, por haber tirado a la basura la tuya. Haz que te perdone de todo corazón. – Guau. Eso es difícil, sobre todo, a juzgar por la paliza que me había pegado. Bueno, tengo que pararme a pensar tranquilamente. Por ahora me iré al cementerio. Demasiadas emociones fuertes en demasiado poco tiempo.
-Por cierto, haced el favor de limpiarle la cara. Evan se abrió una brecha contra una tumba mientras peleábamos y conociéndole seguro que aún sigue con esa herida sangrándole ahí. Seguro que ni siquiera se ha limpiado la herida.
Vaya, he tenido una pesadilla. Ojalá todo esto lo fuera. Me he despertado empapado en lágrimas, lleno de tierra, retorciéndome y temblando. Hace un frío terrible. Suspiro y puedo ver mi propio aliento como una pequeña nube que se materializa frente a mi rostro. Estoy en una postura un tanto extraña para dormir y parece que tuve un sueño inquieto. Intento moverme y ¡ah! Entre la paliza que me pegó Evan y la mala postura al dormir me está doliendo todo. Hoy el día está nublado y oscuro. Según la hora Sienna y Evan deberían estar a punto de pasar al lado del cementerio. Tengo que hablar con Evan cuanto antes. He estado mucho tiempo pensando y… bueno, no es que nos sobre el tiempo. No sé por qué, pero no me gusta cómo está el ambiente hoy, como muy cargado y asfixiante, a pesar de hacer un frío mortal. No me da ninguna buena espina.
Veo a alguien llegar. Es Sienna, pero Evan no está con ella. Se acerca con el fin de saludarme, pero yo, sin pensarlo, la cojo por los hombros y le pregunto:
-¡¿Dónde está Evan!? – la he asustado. Tal vez fui un poco agresivo.
-N-No lo sé… No había nadie en casa. Seguro que ha tenido que ir al médico por… bueno, no sé si lo sabes… Lo cierto es que Evan está enfermo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario