condenado soñador. No entiendo cómo me prefieres a mí. Yo llevaba diecisiete años maldiciendo el hecho de que mi hermano pequeño fuera mejor que yo en todo. Bueno, para gustos, colores… Hmm… te he hecho retrasarte… ¿Quieres que te lleve en la moto al instituto? Creo que iré allí por si Evan ya ha llegado o por si va a ir a clase. Tengo que hablar con él. – Sienna sube a la moto en silencio. Todavía está sin palabras por la charlita que le metí. Bueno, así mejor. No me apetece soportar la ridícula charla de una estúpida adolescente durante el trayecto.
Unos minutos después de haber salido del cementerio he frenado en seco. No es que haya visto nada muy importante, es que siempre freno en seco, es muy guay. A juzgar por la cara que pone Sienna a ella no le parece muy guay.
-Un espantapájaros – murmuré - Son realmente temibles. Lo único capaz de espantar a un bicho tan monstruoso como un cuervo. Ah… ¿Tú crees que tienen vida propia? – la miro sin fijarme mucho por el rabillo del ojo. No ha respondido – Yo creo que sí. ¿De qué iban a estar asustados los cuervos si no? Solo de algo peor que un pájaro de mal agüero que pica los ojos de los cadáveres… ¿Eh? ¿Estás llorando? – la miro más detenidamente y compruebo que estoy en lo cierto. Sin contenerme rompo a reír
-Patético… Aunque ¿Qué más se podría esperar de una cría de dieciséis años como tú?
-Eres muy cruel ¿sabes?
-Sí, y tú más con Evan.
-¡No! ¡Yo nunca le gritaría a la cara que no me importa!
-Pero es cierto. No le importas, se lo ocultas y él lo sabe. Debe de odiarte casi tanto como a mí. No decir las cosas a la cara duele aún más. Se supone que hay que decirlas a la cara y educadamente, haciendo uso de ese tacto del que yo siempre he carecido. ¿Acaso no tengo razón? – ha bajado los ojos y asiente débilmente. Vuelvo a mirar al espantapájaros - ¿Sabías que hay gente que piensa que traen desdichas? Evan me contó una vez una historia sobre el tema cuando éramos pequeños, pero no me acuerdo bien. Era algo de… un campesino… que hizo un espantapájaros… y entonces la gente empezó a morir y enfermar… y su familia le abandonó… y el pueblo se enfadó por no sé qué de la cosecha… y quemaron su casa con el espantapájaros y el granjero incluidos… y… Hmm… el espantapájaros era como su lado oscuro y… se vengó y los cuervos se comieron vivos a todos los del pueblo…no sé, no me acuerdo bien, pero era muy guay… Tanto Evan como yo les cogimos miedo a los espantapájaros, pero es normal… dan más mal rollo… uh – he notado como un escalofrío recorría mi cuerpo, como si alguien tirara un cubo de hielo picado por mi médula ósea y como si los pequeños guijarros helados se fueran desviando hacia todos los nervios de mi cuerpo. – Bueno, sigamos o no llegaremos nunca. – miro hacia atrás en el camino. No había ni rastro de Evan. Puse la moto en marcha y traté de pensar en positivo mientras me temía lo peor.
He vuelto a frenar en seco. Me ha llamado la atención una pequeña disputa que se celebra al borde del camino. Son una serpiente y una abeja. Yo nunca había visto nada así, pero me hace gracia. Evan y yo solíamos discutir sobre esas cosas. Yo tendría… menos de ocho años. Estábamos en aquella época en la que nos daba por la violencia gratuita entre monstruos, animales y bichos así. Nunca se nos quitó el afán por la violencia, pero éste evolucionó a la violencia entre superhéroes y súper villanos y al gore. En aquellos tiempos no hacíamos sobre quién ganaría en una pelea entre una abeja y una serpiente gigantes. Sé que suena estúpido, cualquiera diría que la serpiente, pero no sé, las abejas son muy guays… y tienen exoesqueleto, ojos compuestos y veneno, aunque no tan mortal como el de algunas serpientes, quién sabe lo que haría en grandes cantidades… Y eso de que estén organizadas en una sociedad también está muy bien, porque nos indica que son muy listos, esos bichos. Y hacían cera y miel. También son un poco “kamikazes”, eso de que te piquen y te mueres… es muy heroico. Todos quieren salvar el mundo, pero nadie quiere morir… Lo he oído en algún lado… Creo que en una canción.
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